La llamada casi siempre empieza igual. "Me ofrecieron comprar la empresa." Y antes de decir a qué se dedica la compañía o cuánto factura, el empresario dice la cifra que le ofrecieron. Después viene la pregunta real, que no es cuánto vale: es si eso que le ofrecieron está bien.
Nuestra primera respuesta suele decepcionar. Esa cifra todavía no se puede evaluar.
No porque haga falta un modelo sofisticado, sino porque falta saber qué compró exactamente el oferente en su cabeza. ¿La sociedad completa con sus deudas? ¿Solo la operación? ¿El inmueble entra o se queda? Dos ofertas por la misma empresa pueden diferir en 30% y ser las dos razonables, porque están comprando cosas distintas.
¿Por qué el valor en libros no sirve para vender?
El patrimonio contable mide lo que la empresa costó, no lo que produce.
Es una cifra construida hacia atrás: costos históricos de adquisición, depreciaciones que responden a reglas fiscales y no al desgaste real, activos registrados en el año en que se compraron. Nada de eso describe la capacidad del negocio de generar caja el año entrante.
El caso más común en Colombia es el de la empresa industrial con veinte o treinta años: maquinaria completamente depreciada, patrimonio contable modesto, y una operación que produce con esos mismos equipos sin problema. En libros casi no vale nada. En el mercado puede valer varias veces eso.
También existe el caso contrario, y se ve menos pero duele más: compañías con activos registrados a valores altos, rentabilidad deteriorada y un patrimonio contable que ningún comprador va a reconocer.
El valor en libros tiene una utilidad, eso sí, y es fiscal. Volvemos a eso más abajo.
¿Con qué métodos se valora una empresa?
Hay tres familias, y en un trabajo serio se usan al menos dos.
El enfoque de rentabilidad parte de la caja que el negocio va a generar hacia adelante y la trae a valor de hoy. Es el más exigente en información y el más defendible cuando alguien lo cuestiona, porque obliga a poner cada supuesto por escrito.
El enfoque de mercado toma referencias de compañías o transacciones comparables y las aplica a los resultados de la empresa. Es el idioma en que negocian los compradores. Su debilidad es evidente: todo depende de que las comparables sean realmente comparables, y en Colombia encontrar comparables locales para una empresa mediana de servicios o de distribución es, con frecuencia, imposible.
El enfoque patrimonial valora los bienes a precios de mercado. Sirve en inmobiliarias, en holdings de activos y en escenarios de liquidación. En una empresa operativa, usado solo, subestima casi siempre.
Cuando dos enfoques arrojan resultados muy distintos, esa diferencia no es un error del modelo. Es información sobre el negocio, y normalmente la parte más interesante del informe.
¿Qué hace que una empresa valga más que otra del mismo tamaño?
Dos compañías con la misma facturación y el mismo margen pueden valorarse con una diferencia considerable. Lo que las separa casi nunca es el modelo. Es esto:
La información. Una empresa con estados financieros auditados, cierres mensuales a tiempo y las cuentas del dueño separadas de las del negocio vale más que una idéntica sin eso. El comprador no está pagando por la auditoría. Está pagando menos descuento por incertidumbre.
La dependencia del fundador. Si los clientes son del dueño y no de la empresa, si las decisiones comerciales pasan todas por una persona, el comprador sabe que puede estar comprando algo que se va cuando esa persona se va.
La concentración de clientes. Un cliente con el 40% de los ingresos es un riesgo que se cuantifica y se descuenta.
El capital de trabajo. Una operación que exige cada vez más caja para sostener la misma venta destruye valor aunque el estado de resultados muestre utilidad. Es el punto que menos se discute y el que más mueve el resultado.
Las contingencias. Los procesos laborales, las discusiones tributarias abiertas y los pasivos sin registrar aparecen todos en la debida diligencia. Siempre. Lo que usted no cuente, el comprador lo va a encontrar, y entonces ya no se negocia: se descuenta.
¿Qué dice la DIAN sobre el precio de venta de las acciones?
Aquí es donde el asunto deja de ser comercial.
El artículo 90 del Estatuto Tributario establece que, tratándose de acciones o cuotas de interés social de sociedades nacionales que no coticen en la Bolsa de Valores de Colombia, se presume que el precio de enajenación no puede ser inferior al valor intrínseco incrementado en un 30%. La presunción admite prueba en contrario.
El valor intrínseco es el patrimonio contable dividido entre las acciones en circulación. Sí, la misma cifra que dijimos que no sirve para vender. La norma la usa como piso fiscal, que es un propósito distinto.
El mismo artículo faculta a la administración para aplicar métodos de valoración técnicamente aceptados, y nombra dos de forma expresa: flujos descontados a valor presente y múltiplos de EBITDA.
La consecuencia es concreta. Si usted vende por debajo de ese umbral y no tiene con qué sustentarlo, la DIAN puede desconocer el precio pactado y liquidar el impuesto sobre otro. La valoración deja de ser un insumo de negociación y pasa a ser la prueba en contrario que la norma exige.
Hay un detalle adicional en el mismo artículo que conviene tener presente: se considera que un valor es notoriamente distinto del promedio cuando se aparta en más del 15% de los precios de mercado para bienes de la misma especie y calidad.
¿Cuánto tarda una valoración y qué información exige?
Entre tres y seis semanas, con la información completa.
Y esa última condición es la que manda. La mayor parte del tiempo no se va en construir el modelo. Se va en depurar: entender qué hay detrás de una cuenta por cobrar a socios que lleva cuatro años creciendo, separar el arriendo que la empresa le paga a una sociedad del mismo dueño, establecer si el inventario que figura en el balance existe y rota.
Lo que se pide al inicio:
- Estados financieros de los últimos tres a cinco ejercicios
- Ingresos desagregados por línea y por cliente
- Composición de la deuda financiera, con plazos y garantías
- Relación de activos fijos
- Obligaciones laborales y contingencias conocidas
- El presupuesto o las proyecciones que maneje la administración
¿Valor o precio?
No son lo mismo y conviene no confundirlos, porque la confusión genera expectativas que después no se cumplen.
La valoración entrega un rango y el razonamiento que lo sostiene. El precio sale de la negociación, y ahí pesan cosas que ningún modelo captura: cuánta urgencia tiene cada parte, cuántos interesados hay en la mesa, cómo se estructura el pago, qué garantías se exigen y por cuánto tiempo responde el vendedor.
Una valoración no le garantiza el precio. Le da algo distinto, y en nuestra experiencia más útil: saber reconocer cuándo una oferta está por debajo de lo razonable, y poder explicar por qué con argumentos que la contraparte tenga que responder.
Grupo Empresarial Axi S.A.S. es una firma de asesoría estratégica y financiera con sede en Bogotá. Acompañamos procesos de valoración, venta de compañías y reorganización empresarial en Colombia.
